Con la llegada del invierno, los días se acortan, la luz solar disminuye y pasamos más tiempo en interiores. Esto, aunque parece algo meramente estacional, tiene un impacto directo en nuestra salud, especialmente en nuestros niveles de vitamina D. En este artículo, te explicamos por qué esta vitamina es tan importante, qué consecuencias puede tener su déficit en esta época del año y si realmente deberías plantearte una suplementación.

¿Qué es la vitamina D y para qué sirve?

La vitamina D es una vitamina liposoluble esencial para múltiples funciones en el organismo. Su papel más conocido es en la salud ósea, ya que favorece la absorción de calcio y fósforo, minerales clave para mantener unos huesos fuertes. Sin embargo, también participa en el funcionamiento del sistema inmunitario, en la salud muscular y se investiga su relación con estados de ánimo y procesos inflamatorios.

A diferencia de otras vitaminas, el cuerpo puede sintetizar vitamina D de forma natural a través de la exposición solar. Cuando los rayos UVB inciden sobre la piel, nuestro organismo produce esta vitamina de forma activa. Y aquí es donde el invierno se convierte en un factor limitante.

¿Por qué es más frecuente la deficiencia en invierno?

Durante los meses fríos, no solo hay menos horas de sol, sino que además tendemos a cubrirnos más la piel y a pasar menos tiempo al aire libre. En muchas regiones, como ocurre en buena parte del norte de España, la radiación solar no es suficiente para estimular la producción adecuada de vitamina D durante varios meses al año.

Además, la dieta por sí sola no suele ser suficiente para cubrir las necesidades diarias. Aunque existen alimentos que la contienen (como pescados grasos, huevos o productos enriquecidos), la cantidad que aportan suele ser limitada si no hay una exposición solar regular que complemente esa ingesta.

¿Qué síntomas puede causar un déficit de vitamina D?

El déficit de vitamina D puede ser silencioso durante mucho tiempo. Sin embargo, cuando es prolongado, puede ocasionar:

  • Cansancio o debilidad muscular
  • Dolor óseo o sensación de huesos frágiles
  • Bajo estado de ánimo
  • Mayor propensión a infecciones respiratorias

En niños, puede afectar al correcto desarrollo óseo, y en personas mayores, aumentar el riesgo de caídas y fracturas.

¿Debo suplementarla en invierno?

No todas las personas necesitan suplementación, pero en muchos casos sí está recomendada, especialmente en los meses con menor exposición solar. Algunos grupos con más riesgo de déficit son:

  • Personas mayores
  • Personas con piel muy oscura o que siempre se protegen del sol
  • Personas con enfermedades crónicas
  • Quienes pasan mucho tiempo en interiores
  • Mujeres embarazadas o en periodo de lactancia

La forma más fiable de saber si necesitas un suplemento es mediante una analítica que valore tus niveles de vitamina D en sangre. En función del resultado y de tu situación personal, el médico o farmacéutico podrá aconsejarte si es necesario tomar un complemento, en qué dosis y durante cuánto tiempo.

¿Y si no me suplemento, qué puedo hacer?

Además de seguir una dieta equilibrada que incluya alimentos ricos en vitamina D, es importante aprovechar las horas de sol siempre que se pueda, aunque estemos en invierno. Salir a pasear, exponerse con moderación al sol en brazos y rostro, y mantener una vida activa son pequeños gestos que ayudan.

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